¿Debería la compañía introducir un botón especial destinado a opiniones negativas?
Esta decisión podría afectar al modelo de negocio de la compañía, soportado por anunciantes y empresas. En cualquier caso, Zuckerberg responde a las peticiones de sus usuarios con nuevas fórmulas para mostrar empatía.
ABC
Facebook promete dotar de nuevas funcionalidades para mostrar empatía
La ira y la soberbia son pecados capitales. Es algo innato en el ser humano.
No todo en la vida es alegría desbordante y jarana. Hay momentos de miedo, de envidia, de terror, de odio y, por qué no, de decir «no me gusta». Es la personalidad de cada uno. Facebook es como la vida misma. Hacemos y deshacemos en este espacio virtual lo que en el mundo real acometemos. O incluso es posible que mostremos nuestra cara menos amable allí (cotillear, criticar) que, en cierto modo, en otro contexto no nos atrevemos.
Es posible que muchos usuarios hayan deseado profundamente utilizaren muchas ocasiones un botón «No me gusta» en una determinada publicación. ¿Qué se dice cuando un contacto comenta que ha muerto su hermana? ¿Qué se hace en esos casos? ¿Darle a «Me gusta»? La necesidad de encontrar alternativas que reporten mayor emoción ha sido una de las preocupaciones de Facebook en todos estos años. Llegaron las actualizaciones más emotivas, pero a la hora de expresar sentimientos más profundos en las interacciones con el resto de usuarios implica otras fórmulas.
Pero la compañía norteamericana, seductora como ella sola, tiene un claro modelo de negocio: los datos y la publicidad.Todo cruzado y ajustado con su varita mágica ha conseguido que Facebook sea una empresa rentable, solvente y potente. ¡Quién lo diría cuando dio sus primeros pasos hace diez años! Sin embargo, la incorporación de un botón «No me gusta» puede llevar al traste su estrategia.
Vale que este «No me gusta» no será como pensamos. No será un botón con el pulgar hacia abajo. Pero queda constancia de que Mark Zuckerberg quiere explorar nuevas fórmulas para dotar de, por qué no, «sentimiento» a su plataforma. Pero, ¿qué pensaría una empresa determinada cuyo negocio es la venta de un producto determinado y que en su página corporativa miles de usuarios o potenciales clientes activan un flujo negativo?
Dirán: «Bueno, para eso están los comentarios». Sí, pero en cierto modo la conversación supone un atractivo y un fundamento propio de la empresa del siglo XXI; aquella que escucha, que oye, que habla directamente con sus clientes. Pero, ¿y si una serie de «trolls» -no hace falta que lo expliquemos- se dedican de forma masiva a emitir comentarios negativos y activar ese supuesto «No me gusta»? Es posible que la empresa en cuestión, dado el boicot, se cuestione su presencia en Facebook. ¿Cuánto aguantaría este negocio sin empresas que pongan dinero?
Pero, calma, calma. A pesar de que el «No me gusta» ha sido durante mucho tiempo una de las características más solicitadas de sus usuarios, Facebook no lo hará. Ni ahora ni nunca. Más bien, lo que ha trascendido es que será una especie herramienta de conversación porque, realmente, en lo que está trabajando la compañía es lograr una nueva manera de mostrar empatía. «No queríamos simplemente construir un botón ‘No me gusta’ porque no queremos convertir esto en un foro donde la gente esté votando arriba o hacia abajo en los muros de las personas. Esto no es el tipo de comunidad que queremos crear», dijo el propio Zuckerberg.
Los expertos relacionados con el marketing y las redes sociales se muestran prudentes a la hora de valorar esta propuesta que ha dejado caer Facebook. «Aún no se conocen todos los datos de cómo van a desplegar el botón, pero es probable que en la publicaciones patrocinadas de empresas no exista esta opción. En estos momentos ya existe una opción para pedir a Facebook que no te muestre más posibilidades así», explica a este diario Mauro Fuentes, director de redes sociales de Ogilvy & Mather España. «Con tantos años pidiendo esto, hemos podido llegar a entender que las personas no están buscando la capacidad de votar negativamente los mensajes de otras personas. Lo que realmente quieren es poder expresar empatía», añadía
Reduccionista
En ese sentido, y desde el punto de vista estratégico, para otros expertos puede resultar positivo que estas cuestiones no dejen de plantearse en la medida en que formen parte de la demanda de los usuarios. «Existe la posibilidad de establecer una gradación o, quizá más interesante, habilitar que sea el propio usuario decida si quiere o no esa opción en sus publicaciones. Muchas veces es cuestión de masa crítica, y es en publicaciones con alto nivel de actividad donde quizá tenga más sentido», subraya Millán Berzosa, experto en transformación digital, director de comunicación de ideas4All y profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.
En cuanto al negocio, este experto considera que «el impacto llega en términos de qué imagen se transmite en esta economía de intangibles en que vivimos. El hecho de no dejar de plantearse las cosas o simplemente mirar alrededor, con el ejemplo de Youtube, donde ‘likes’ y ‘dislikes’ conviven».
Otra opinión (negativa, por cierto) es la que ofrece Brian Barrett en la revista «Wired». En un artículo titulado «Facebook no necesita un botón 'No me gusta'» se muestra contrario a la incorporación de un posible mecanismo para activar el botón «No me gusta». «El problema de "Me gusta" es también lo que hace que sea tan eficaz: es reduccionista. Convierte la interacción humana en un binario simple o, incluso, algo menos que eso», relata. «Es un sistema que funciona bien, hasta que nos encontramos con algo que nos interesa, pero no nos gusta en absoluto».
Un botón de «No me gusta» podría ofrecer a los usuarios la oportunidad de olvidar las actualizaciones que encuentran ofensivas o desagradables. «Sería algo similar a la funcionalidad que tienen sitios como Reddit y Hacker News, en donde permite dar a ‘no mostrarme esto más’», escribe.
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